Aún recuerdo cómo de pequeña mis familiares me repetían la frase “¡¡Cuidado, no te vayas a ortigar!!” cada vez que mi curiosidad infantil me llevaba a acercarme, tocar, oler y recolectar plantas y flores silvestres. Junto con las silvas (zarzamoras) eran los grandes enemigos vegetales a temer. Con el paso de los años y un mínimo conocimiento de las técnicas de agricultura ecológica, supe que la ortiga era muy preciada para repeler algunos insectos pero también para reforzar los cultivos.

A veces me paso con mis juegos de palabras. Llegan a ser tan idiosincrásicos (lo de inventar palabras me viene por parte de madre) que acabo entendiéndolos sólo yo, así que desentrañaré el título de este post: hice una crema muy coral: con lentejas coral, de color coral y con un reparto coral de ingredientes.